en relación a itinerario
Octubre
Podrá tener todo esto un dejo a ingenuidad, sin embargo pienso que gran parte de lo que se dijo ese 20 de septiembre en el Subsuelo del Pabellón fue bastante jugoso. Muchos de los temas que tocamos ese día, tienen la particularidad de sonarnos relativamente conocidos, pero el hecho que nosotros seamos los artistas, las chicas curadoras y la UNC el marco institucional de la muestra, inevitablemente hace que todo tenga otro tipo de gravitación.
Oídos presentes la charla, dejaba trasuntar la sensación de que nada nuevo se estaba diciendo. Pero (será esta manía que a veces me agarra de volver tras los pasos andados) cuando vuelvo a leer el material ya editado, me encontré con una particularidad que a conciencia o no, todos pasábamos por alto: hablar y reflexionar sobre nuestra fotografía local. Vuelvo a repetir, la importancia que le veo a todo esto radica en que estábamos hablando de la fotografía que se hace hoy en Córdoba.
Mencionaré los temas que a mi parecer fueron los más interesantes. Y mínimamente, voy a dar mi postura sobre aquellos que considero hay o habría que seguir ahondando.
Uno de los grandes temas, fue la necesidad de una propuesta curatorial más “visible” que cohesionara las tres instancias de muestras en los distintos espacios. Hasta que Adriana no lo remarco, pensaba que era perfectamente viable “leer” la propuesta sólo a través del recorrido institucional.
Por otro lado, me sorprendió, la constante y cuidada evasión para hablar y analizar “fotográficamente” la obra del otro. Como si el hecho de intentar interpretarla, comprenderla, desmenuzarla se leyera como una agresión directa hacia el autor. Hay una especie de precepto implícito que exige un “no cuestionamiento” y que garantizaría cierta aceptación entre los pares.
En relación a esto, también es “mal visto”, o altamente inadecuado intentar distinguir qué tan “plástico” o “fotográfico” es determinado trabajo… a qué cruces recurre el autor para hacer su obra. Precisar tales características pareciera disponernos a la obsecuencia de una fotografía clásica o arcaica. Cuando fehacientemente esta sucediendo todo lo contrario. Y, permítanme agregar que no creo que al hacer esto, caigamos en cuestiones anacrónicas.
Me dio la sensación, de que existe cierto apego a relativizar las marcas de género y verlas tan sólo como una simple contingencia. Cuando creo poco probable que uno produzca algo sin dejar huellas de todo el bagaje que trae consigo.
Otro tópico interesante, subraya el potencial de lo fotográfico en correlación directa con lo referencial. A diferencia de la producción fotográfica de otros tiempos, me da la impresión que hoy la foto en Córdoba, construye lo referencial a través de la ficcionalización adrede, intencionada. Y esto podría ser una marca, tal vez no propia, pero sí de algún modo regional o local.
También, se planteo la posibilidad de uno como fotógrafo encargar o no a otro, parte o el total de la obra. Las opiniones en general estaban de acuerdo en que esto se podría decidir o hacer en función de las características de determinado proyecto fotográfico. Mi posición difiere un poco, y no porque tenga la idea romántica de que es el fotógrafo quién “debe” disparar, o que mi obsesión sea tan grande como para imposibilitarme confiar en otros el trabajo que estoy llevando a cabo.
Va más allá de esto. Pasa más que nada por la idea de concebir la foto como una imagen técnica, llena de ideologías, principios, teorías que indudablemente conforman una determinada visión de la realidad. Todo ello, más las propia subjetividad e idiosincrasias del fotógrafo, siguen modificando esa concepción de lo real. Y ante todo esto, el hecho de que sea el mismo fotógrafo quien dispare, y quién pose ante la cámara, o sea quién se devenga en objeto de su propia imagen, me parece que es algo, y sólo algo, más honesto en esa construcción.
Hay un punto medular, que de alguna manera lo esbozó Gerardo. Nuestra forma de trabajar se concentra profusamente en todos y cada uno de los aspectos de la producción de la obra. Entre “productores”, tal vez podamos percibir estos mecanismos de elaboración, reconocer estas marcas y en función de ellas hacer una lectura “correcta”. Ahora, del lado del espectador, qué esta ocurriendo.
Supongo que esto se vincula a lo que Lila refería como una alta preocupación por el “estilo”. De alguna forma ponemos especial acento, puntual interés en aquellos rasgos que permitan reconocernos e identificarnos como autores.
Por último, me da la impresión que el tema de difusión-gestión fue y es un tanto urticante. Sin embargo a pesar de que se dijo muchísimo, no creo que haya sido realmente comprendido. Intentar hallar responsabilidades o modalidades más efectivas y pertinentes que otras, es sólo quedarse circundando superficialmente una trama que es visible a medias.
Y si bien todo esto es muy importante, ya que directamente repercute sobre la circulación que puede tener la obra, al momento, considero que los aspectos sobre los cuáles tendríamos que trabajar deberían estar más ligados a lo fotográfico.
En fin, mi intención con esto un tanto extenso, es abrir el juego al intercambio de ideas.
Vero Maggi
Octubre at 7:50 am
Hola, leí el post de reflexión acerca de la charla. Coincido con los aspectos que señalan.
Entiendo que hay bastante por crecer en el campo fotográfico y en su vínculo con otras áreas.
Es necesario el debate de ideas y el intercambio de puntos de vista.
Dejar de lado ciertas supceptibilidades subjetivas e ir al punto.
Se habla de fotos, de imágenes.
A veces suena como que se mira el dedo que señala unicamente.
Desde aquí apoyo vuestro trabajo, así como los participamos de nuestra experiencia en el site:
http://experienciasensible.blogspot.com
Saludos y gracias.
Julio